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LA
BIOENERGÍA:
no
es fácil comprender que es el fenómeno de la vida.
Ningún
científico pudo jamás explicar cual es la chispa que ha
creado la vida. Las diferentes culturas religiosas dan una
interpretación divina a este fenómeno que para la ciencia
queda un misterio.
Lo
que se puede afirmar hoy es que la
materia viviente responde a las frecuencias de la luz.
Es decir responde de manera precisa, según la celula, tejido,
órgano que se está examinando, a la longitud de onda de
algunos estímulos luminosos.
Una
vez establecido que el universo
está lleno de energía taquiónica (Prana, KI,
Chi) debemos transferir las calidades de esta energía a
las celulas vivientes porque es la unica, sola, primordial
energía que una vez en la tierra, demediando
su longitud de onda, se transforma en partículas (micro
partículas pulsantes) o microcélulas.
La
calidad de la célula primordial indiferenciada del organismo
humano es de estar llena de esta energía
ordenadora a punto cero, con una oscilación mensurable
en 0.26 elettronvolt.
La
célula indifereciada tiene más encima una memoria propia
para un concepto de información mantenido por los eones
de Charón (Campo taquiónico, pag. 16-17, Nuevas Tecnicas
Ed. 1999).
Cada
ser humano es,
antes que nada, vivo porque han
sido creado con un receptor incorporado de esta energía,
continuamente renovable, o sea la glándula pineal (o epífisis).
A través de esta glándula (chakra corona) recibimos energía
que, naturalmente, según las funciones de estos órganos,
se transforma en frecuencias diferentes y mensurables.
La
primera patología nace de la perdida de frecuencia de síngulos
órganos que nacen del desquilibrio frecuencial de las celulas
primarias: o sea los ladrillos de los órganos.
La
vida es puramente un hecho de omeostasis oscilatoria celular.
Ninguna materia, ninguna energía electromagnética podrá
devolver la memoria de frecuencia correcta a las síngulas
células si no la energía que las compone.
Dos
son los riesgos de nuestra sociedad: los campos electromagnéticos
y nuestras costumbres de vida. Cualquier metal se
pueda esconder en nuestro cuerpo (ingerimos cadmio y
plomo, respiramos y comemos mercurio ecc…) resulta ser
un deviante, un bloqueante o un absorbente de esta energía.
En
la polución moderna se puede soltanto inventariar cada vez
más todo lo que entra a formar parte del cuerpo sin que
realmente forme parte. Deviar, cambiar o absorbir las
frecuencias de este campo es verdaderamente un suicidio
de masa, perdonable hasta que no es conocido, pero al
momento que se reconoce se debería
tratar de proteger, de cambiar nuestras costumbres y perseguir
esa vida sana y feliz que el universo nos quería donar.
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